Archivos de Categoría: Jorge Corrales

El Mercantilismo Vive Por Charles Hooper Traducido por Jorge Corrales.

Como en el mundo están resonando voces mercantilistas y teniendo presente que un amigo -cuyo nombre lamentablemente he olvidado- en algún momento me pidió en Facebook que le recomendara alguna explicación acerca del mercantilismo, con gusto pongo mi traducción de este artículo del economista Charles Hooper, que creo le brindará mayores elementos a los amigos lectores, para entender mejor cosas que están sucediendo y que posiblemente arrecien en los próximos tiempos.

EL MERCANTILISMO VIVE
Por Charles Hooper
Library of Economics and Liberty
4 de abril del 2011

Muchos estadounidenses no se dan cuenta de que algunos de los líderes políticos de la actualidad y los medios convencionales, exponen ideas que fueron desacreditadas y que permanecieron muertas desde hace más de doscientos años. Tal como en todas las películas de horror, algunas veces los muertos no permanecen como tales.

Cuando estudié economía en la universidad, aprendí que el mercantilismo suplantó al

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¡Brexit! Por Pedro Schwartz, traducido por Jorge Corrales Quesada.

Me complace traducirles este artículo reciente tan interesante del economista Pedro Schwartz¡BREXIT!, en torno a la reciente decisión británica, conocida como Brexit, que, por medio de un referendo, decidió la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea.
¡BREXIT!
Por Pedro Schwartz
An Economist Looks at Europe
Library of Economics and Liberty
5 de setiembre del 2016

El resultado del referendo acerca del Brexit, que se llevó a cabo el 23 de junio del 2016, por el cual el Reino Unido votó por salir de la Unión Europea, tomó por sorpresa a los comentaristas. No lo fue para mí, debo decirlo, tal vez porque soy un veterano en asuntos de los Británicos. Hasta aposté acerca del resultado y gané un poquito de dinero. Aun así, en el Continente, el voto pro-Brexit estalló como una bomba; y en el Reino Unido causó el tropiezo de muchos. El sentimiento general entre aquellos que miran al mundo en términos de poder y de organizaciones grandes, es que el Brexit es malo para la Unión Europea, pero ciertamente una catástrofe para el Reino

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Los Incentivos si Importan. Por Russell Roberts. Traducción Jorge Corrales.

He venido poniendo algunas traducciones en Facebook de comentarios de economistas calificados en torno a temas esenciales en Economía. Tal fue el caso de dos artículos previos acerca de un concepto vital en esa disciplina, el “costo de oportunidad,” que muchas veces es olvidado, principalmente por políticos. Uno de esos artículos (El Costo de Oportunidad) fue escrito por el economista David R. Henderson y, el otro, por el también economista Russell Roberts (Obtener lo más de la Vida: El concepto de costo de oportunidad). Asimismo, traduje y puse en Facebook un artículo acerca del tema de La Competencia, escrito por el economista Wolfgang Kasper. En esta ocasión he traducido para ustedes el ensayo del economista Roberts antes citado, que se titula “Los Inventivos sí Importan,” concepto esencial en Economía. Y me parece que, sobre este tema, lo que escribe don Miguel de Cervantes Saavedra, en su clásico Don Quijote de La Mancha (Libro II, Cáp. LVIII), expresa el valioso incentivo de la libertad para honrar y aventurar la vida humana:

“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres.”

LOS INCENTIVOS SÍ IMPORTAN
Por Russell Roberts
Library of Economics and Liberty
5 de junio de 2006

Traducido por: Jorge Corrales Quesada

A fines del siglo XVIII, Inglaterra empezó a enviar convictos a Australia. El transporte era brindado privadamente, pero financiado con fondos públicos. Muchos de los convictos murieron en el camino, por enfermedades provocadas por el hacinamiento, una nutrición pobre y con poco o ningún tratamiento médico. Entre 1790 y 1792, murió el 12% de los convictos, para sufrimiento de muchas mujeres y hombres ingleses de buen corazón, quienes pensaron que el destierro a Australia no debería ser una pena de muerte. En un barco, murió el 37%.

¿Cómo se podía convencer a los capitanes para que tuvieran un mejor cuidado de su cargamento de seres humanos?

Usted podría sermonear a los capitanes acerca de la crueldad de la muerte y eso justamente lo hizo el clero desde los púlpitos. Usted podría aumentar los fondos asignados por el estado para los capitanes, los cuales se hacían basados en el número de pasajeros que trasladaban. Usted podría urgir a los capitanes para que gastaran más de aquellos fondos en el cuidado de sus pasajeros. (Algunos capitanes emprendedores acapararon comida y medicina destinada a los convictos y se las vendieron cuando llegaron a Australia.) Usted podría instar a los capitanes para que gasten el dinero con mayor cuidado. Avergüéncelos para que se comporten mejor.

Sin embargo, se intentó un enfoque diferente. El gobierno decidió pagar una bonificación a los capitanes por cada convicto vivo que bajaba del barco en Australia.

Este sencillo cambio funcionó como un hechizo. La mortalidad se redujo virtualmente a cero. En 1793, de los primeros tres barcos que hicieron el viaje a Australia bajo el nuevo conjunto de condiciones, sólo murió un convicto de los 322 que transportaron; una mejoría asombrosa.

No creo que los capitanes se hicieron más compasivos. Simplemente eran tan codiciosos y miserables como antes. Sin embargo, bajo las nuevas regulaciones, tenían un incentivo para actuar como si fueran compasivos. El cambio en los incentivos alineó el interés propio de los capitanes, con el interés propio de los convictos. Súbitamente, los convictos tenían mayor valor vivos que muertos. Los capitanes respondieron a los incentivos.
Los incentivos sí importan. El ejemplo más famoso en economía es la idea de la curva de demanda –cuando algo se encarece, la gente compra menos. Cuando es menos caro, la gente compra más.

Algunos, basados en una introspección, encuentran difícil aceptar este principio fundamental de la economía. “Cuando aumenta el precio de la gasolina, aun así compro gasolina,” dice el escéptico. O, en su forma extrema: “Usted necesita gasolina, de manera que la gente la seguirá comprando, aun cuando se ponga más cara”.

Usted podrá seguir comprando gasolina cuando se encarece. A pesar de ello, tratará y encontrará formas para comprar menos. No necesariamente cero, menos.

Pensar acerca de cómo responde la gente al incentivo de un precio más alto, abre un mundo de posibilidades más allá de quedarse helado pasándosela sin ella. Cuando la gasolina se encarece, alguna gente usa autos compartidos, algunos manejan a menor velocidad, algunos combinan hacer compras múltiples en un solo viaje. Permita que el precio de la gasolina aumente lo suficiente y que se considere que permanecerá más alto por un largo período, y alguna gente comprará un carro que tenga un kilometraje mejor, se trasladará a un empleo más cercano o pospondrá o cancelará ese pedido de compra de un bote de placer, al cual le toma $400 llenar su tanque cuando la gasolina le cuesta $3 el galón.

No todo mundo hará todas esas cosas. Algunas harán unas pocas de ellas. No obstante, el efecto general de un aumento en el precio de la gasolina es disuadir la compra de gasolina.
Y, cuando algo se abarata, queremos tener más de ello, manteniendo constante todo lo demás.

La gente responde a los incentivos. Pero, cómo lo harán puede ser muy creativo. Durante un período hiperinflacionario en Chile, se cuenta la historia de que la imposición gubernamental de precios tope hizo que, para los proveedores, dejara de ser rentable vender pan –el precio máximo estaba por debajo del costo de producción.

Una predicción simple sería que el pan desaparecería de los estantes. Pero, tal predicción subestima la ingenuidad de los panaderos al responder a los incentivos. Su primera respuesta fue reducir el tamaño del bollo de pan, hasta que el costo de ese bollo disminuyera al precio ordenado legalmente. Entonces, el gobierno impuso luego un peso mínimo para cada bollo de pan. Los panaderos respondieron vendiendo crudo al pan, de forma que el peso de la masa cruda podía cumplir con el mínimo. Al aumentar la inflación, dejó de ser rentable aún hasta vender la masa cruda, a fin de cumplir con el mínimo. De manera, que los emprendedores panaderos vendieron la masa cruda en bolsas con agua, de forma tal que así podían lograr el peso mínimo exigido.

A pesar de la creencia común de que todo en economía es acerca del dinero, los incentivos no monetarios pueden ser tan importantes como los incentivos monetarios para afectar el comportamiento. El tiempo es un actor no monetario importante para lo que hacemos.
Suponga que usted es un enorme fanático de los Beatles. Se anuncia que, gracias a un milagro, los Beatles se reunirán para dar un concierto de despedida dentro de un mes. Todos los cuatro Beatles se presentarán en un pequeño teatro íntimo cerca de la casa suya. Usted está estático, hasta que oye que el concierto es gratuito y que los asientos serán asignados con base en que, el primero que llega, es el primero que lo obtiene: a los primeros 250 fanáticos que estén haciendo fila, se les permitirá escuchar a los Beatles.

El concierto no es gratuito. Va a ser muy caro –si usted quiere asistir, tendrá que vivir un mes a las puertas del teatro. De otra forma, usted no será uno de los primeros 250. Y eso también puede ser muy peligroso. Cuando los bienes tienen un precio al que la gente quiere comprar mucho más de lo que está disponible, la gente no siempre hace la fila cortésmente.

Yogi Berra, el beisbolista, una vez, famosamente, enfatizó (o, al menos, supuestamente subrayó), al preguntársele acerca de un restaurante popular, que “está tan lleno, que ya nadie más va allí”. Como todos los famosos Yogismos [dichos de Yogi Berra], la afirmación es absurda, pero un examen más cuidadoso revela una verdad oculta. Lo que podía haber dado a entender es que estaba tan lleno, que una persona que valora altamente al tiempo o que desea una atmósfera más relajada, tenía mejores alternativas. O, para decirlo sucintamente, “Está tan lleno, que nadie que es alguien, ya no va más allí.” De hecho, Yogi puede haber dado a entender lo opuesto -está tan lleno, que usted tiene que haber sido alguien para poder entrar allí- que los dueños no dejan pasar a la gentuza.
De manera que, el dinero no es todo lo que importa. Tampoco es suficiente con agregar al tiempo en la lista de incentivos. A la gente le importa su reputación y fama y su conciencia. Le importa la gloria y el patriotismo y el amor. Todos estos pueden actuar como incentivos.

Cuando un economista dice que los incentivos importan, el no-economista algunas veces sólo escucha que la gente responde a los precios. Sin embargo, lo que el economista realmente da a entender es que, manteniendo todo lo demás constante –la cantidad de fama o vergüenza, la gloria o la humillación- y si se incrementa la remuneración monetaria, la gente hará más de eso. Disminuya la remuneración monetaria, al tiempo que se conservan invariables aquellos factores no monetarios, y la gente hará menos de eso.

Los economistas a menudo se enfocan en incentivos monetarios porque son observables y usualmente más fáciles de variar que los incentivos no-monetarios. Un economista dirá que, cuando el ingreso de los médicos aumenta, más gente deseará ser doctor. La gente a menudo malinterpreta esta afirmación, para insinuar que los médicos son motivados por el dinero para hacerse doctores, en vez de serlo por motivos no-monetarios. Sin embargo, todo lo que ello significa es que, manteniendo constantes las satisfacciones no monetarias de la medicina, un incremento de la satisfacción monetaria la hará más atractiva, en comparación con otras profesiones. Si pudiéramos medir o estimular las satisfacciones no monetarias de los doctores, esos factores serían tan significativos como los monetarios.

La diferencia entre incentivos monetarios y no-monetarios puede verse en la escasez de riñones disponible para trasplantarlos. Actualmente es contra la ley vender y comprar riñones en los Estados Unidos. La oferta actual de riñones descansa en el altruismo. Cada año, miles de personas sufren el riesgo de la muerte para donar un riñón a un ser amado o a un extraño. Otros donan sus riñones sino hasta después de que hayan muerto. Esta disposición para donar está motivada en un deseo de ayudar a otros y eso constituye un incentivo poderoso. Pero no es un incentivo lo suficientemente fuerte como para crear una oferta igual la demanda. Miles mueren cada año, esperando un trasplante de riñones.

Si queremos aumentar el número de riñones disponibles para pacientes con riñones enfermizos, estaremos regresando a la situación de los convictos de Australia y de aquellos capitanes duros. Necesitamos incrementar los incentivos para proveer riñones. Podemos exhortar a la gente para que cedan sus riñones –pasando más anuncios de servicio público y tratando de transmitir las satisfacciones que surgen al ayudar a otros. Pero, permitir que legalmente se pueda comprar o vender un riñón es mucho más posible que dé lugar a un incremento en el número de riñones disponible para trasplantes, más que mendigando y suplicando.

El rol de los incentivos juega un papel crítico en la forma en que los individuos tratan su propiedad, en comparación con la propiedad de otros o con la propiedad en común. Hay más posibilidad de que la gente cambie el aceite de su carro propio, en comparación al de un carro que alquila. En la Unión Soviética, las tierras agrícolas privadas tuvieron mejores resultados que las fincas que eran de propiedad en común.

Los peregrinos en Plymouth [Nueva Inglaterra, Estados Unidos] usaron una agricultura en común durante su primer invierno, pero luego, después de una cosecha funesta ese primer año, se pasaron a un sistema en donde había un incentivo más directo, distinto de la culpa y el honor. El Gobernador Bradford lo resumió así en su diario:

“Y así, asignaron a cada familia una parcela de tierra, de acuerdo con la proporción de su número, para tal fin y sólo para el uso presente (pero no hicieron una división para efectos de herencia) y cubría a todos los niños y jóvenes bajo alguna familia. Eso tuvo un éxito muy bueno, pues hizo industriosas a todas las manos, puesto que se plantó mucho más maíz que lo que habría sido de otra manera, por otros medios que el Gobernador o cualquier otro podía usar, y eso le salvó de muchos problemas y le dio mucha mayor satisfacción. Ahora las mujeres fueron al campo por su propia voluntad y llevaron a sus pequeños para secar al maíz; que antes habrían alegado debilidad e incapacidad; a quienes haberlas compelido se habría pensado como una gran tiranía y opresión.”

No sólo las manos fueron más industriosas –también se eliminó el incentivo para recoger el maíz producido comunalmente, antes de que estuviera plenamente maduro, un problema equivalente a cazar ilegalmente en el caso de la vida salvaje.

Los incentivos son importantes. Las remuneraciones tangibles, monetarias o en especie -como en el caso del maíz en Plymouth- son muy poderosas. Concentrarse en los incentivos monetarios da lugar a la creación de un subterfugio –el homo economicus, un mercenario que por un precio hará cualquier cosa. Solía decirles a mis alumnos que yo estaría muy contento dejándoles comprar una nota de “A” [de cien] en mi clase. El precio sería el PIB de Francia. Mi punto es que ese precio era lo suficientemente alto, que esencialmente era infinito. Pero, dicha la verdad, pienso que aún un soborno exorbitante no habría sido tenido éxito.

Sin embargo, aun si hubiera mantenido mi honor e integridad intactos a la luz de un soborno enorme, me puedo imaginar un precio no-monetario, ante el cual yo renunciaría incluso a mi honor. Sospecho que, con gusto, vendería una calificación o que haría alguna otra cosa deshonesta, por mucho menos que el PIB de Francia, si ello significara salvar la vida de uno de mis hijos. Apropiadamente definida para incluir los costos y beneficios no-monetarios, tal vez en realidad cada hombre tiene su precio.
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Russell Roberts es profesor de economía en la Universidad George Mason y editor de artículos en la Library of Economics and Liberty.

Comunismo, por Bryan Caplan, traducido por Jorge Corrales Quesada.

En Facebook, algunas pocas personas han escrito muy entusiastamente en torno al comunismo y proclaman que se sienten muy orgullosos de ser comunistas y que así se lo harían saber a sus hijos. Por ello, creo que un artículo escrito por un economista experto en estos temas, puede ser útil, tanto para creyentes a pie juntillas, como a quienes también les puede interesar el tema. (Lamento que las dos figuras citadas no las puedo poner en Facebook; si las desean ver, pueden hacerlo en

http://www.econlib.org/library/Enc/Communism.html )

COMUNISMO
Por Bryan Caplan
The Concise Encyclopedia of Economics

Traducido por: Jorge Corrales Quesada

Previo a la Revolución Rusa de 1917, “socialismo” y “comunismo” eran sinónimos. Ambos se referían a sistemas económicos en donde el gobierno era dueño de los medios de producción. Los dos términos divergieron fundamentalmente como resultado de la teoría y práctica política de Vladimir Lenin (1870-1924).

Al igual que la mayoría de los socialistas de esa época, Lenin creía que el socialismo no podía ser alcanzado sin una revolución violenta. Pero, nadie más prosiguió la lógica de la revolución tan rigurosamente como él. Después de decidir que la revolución no sucedería espontáneamente, Lenin concluyó en que debería ser diseñada por un partido cuasi-militar de revolucionarios profesionales, el cual él inició y condujo. Después de darse cuenta de que la revolución tendría muchos oponentes, Lenin determinó que la mejor manera de aplacar la resistencia era mediante lo que él llamó con franqueza, “terror” –ejecuciones masivas, trabajo esclavo y hambruna. Después de observar que la mayoría de sus conciudadanos se oponía al comunismo, aún después de su triunfo militar, Lenin concluyó en que la dictadura de un solo partido debería continuar, hasta que disfrutara de un apoyo popular sólido. En el caos de los últimos años de la Primera Guerra Mundial, las tácticas de Lenin mostraron ser efectivas para apoderarse y mantener el poder en el antiguo Imperio Ruso. A los socialistas que abrazaron los métodos de Lenin, se les llegó a conocer como “comunistas” y eventualmente llegaron al poder en China, Europa de Este, Corea del Norte, Indochina, y otros lugares.

El hecho más importante que hay que entender acerca de la economía del comunismo, es que las revoluciones comunistas triunfaron tan sólo en sociedades básicamente agrícolas. [1] Por tanto, la propiedad gubernamental de los medios de producción no pudo ser lograda mediante la expropiación de unos pocos industriales. Lenin reconoció que el gobierno tendría que apoderarse de las tierras de decenas de millones de campesinos, quienes con toda seguridad lo resistirían. Trató de hacerlo durante la Guerra Civil Rusa (1918-1920), pero echó para atrás a la luz del caos y de cinco millones de muertes por la hambruna. El sucesor de Lenin, Joseph Stalin, terminó el trabajo una década después, enviando a millones de los campesinos más afluentes (kulaks) a los campos de mano de obra esclava en Siberia, a fin de impedir la resistencia y someter al resto que pasaba hambre.

El mecanismo de “terror por la hambruna” de Stalin era simple. La colectivización redujo la producción total de alimentos. Los kulaks exiliados habían sido los agricultores más progresistas y, después de convertirse en empleados del estado, los restantes campesinos tenían pocos incentivos para producir. Sin embargo, las cuotas del gobierno para la producción de alimentos aumentaron drásticamente. La escasez surgió a partir de los estómagos de los campesinos. Lo explica Robert Conquest:

“La producción agrícola había sido reducida drásticamente y los campesinos expulsados por millones a la muerte y al exilio, con aquellos que permanecieron, reducidos a ser siervos, desde su punto de vista. Pero, el Estado ahora controlaba la producción de granos, no importando cuán reducida fuera su cantidad, Y prevaleció la granja colectiva.” [2]

En el Oeste capitalista, la industrialización era un subproducto de la productividad agrícola creciente. Al aumentar el producto por agricultor, se necesitaban menos agricultores para alimentar a la población. Aquellos que ya no eran necesarios en la agricultura, se movilizaron hacia las ciudades y se convirtieron en trabajadores industriales. La modernización y la producción creciente de alimentos iban de la mano.

En contraste, bajo el comunismo, la industrialización estaba acompañada de una productividad agrícola decreciente. El gobierno utilizó los alimentos que extrajo dolorosamente de los agricultores, para alimentar a los trabajadores industriales y para pagar por exportaciones de otros países. Por supuesto, los nuevos trabajadores industriales eran antiguos agricultores que habían huido de las condiciones de tortura de las granjas colectivas. [3]

Uno de los conceptos básicos más importantes en economía es la frontera de posibilidades de producción (FPP), la cual muestra combinaciones posibles de, por ejemplo, trigo y acero. Si la frontera permanece constante, más acero significa menos trigo. En el mundo no comunista, la industrialización significaba un aumento constante hacia afuera de la FPP, impulsado por el cambio tecnológico (Figura 1). En el mundo comunista, la industrialización era un movimiento doloroso a lo largo de la FPP; o, para ser más preciso, se movió a lo largo de la FPP, en donde más bien hacía un movimiento hacia adentro (Figura 2).

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La otra característica distintiva de la industrialización Soviética fue que pocos productos manufacturados alguna vez llegaron a los consumidores. El énfasis estaba en la “industria pesada”, tales como acero y carbón. Esto es intrigante, hasta que uno se da cuenta de que el término “industrialización” es un nombre inapropiado. Lo que sucedió en la Unión Soviética, durante la década de los treintas, no fue una industrialización, sino una militarización, un crecimiento de los armamentos mayor que el de cualquier otra nación del mundo, incluyendo a la Alemania Nazi. [4] Así lo explica Martin Malia:

“Al contrario de las metas declaradas del régimen, era lo opuesto de un sistema de producción que creara abundancia para la satisfacción futura de las necesidades de la población; era un sistema de estrujamiento generalizado de la población, para que produjera más bienes de capital para la creación de poder industrial, para así producir siempre más bienes de capital, con el cual aumentar todavía más la fortaleza industrial y, en última instancia, para producir armamentos.” [5]

Los apologetas de Stalin alegan que Alemania le forzó a militarizarse. En verdad, Stalin no sólo inició la Segunda Guerra Mundial, siendo un aliado activo de Hitler en contra de Polonia, sino que también vio a la guerra como una oportunidad para la expansión comunista:

“[E]l gobierno de la Unión Soviética dejó claro, en su circular de la Internacional Comunista [Comintern] de setiembre de 1939, que el estímulo de la “segunda guerra imperialista” iba en los intereses de la Unión Soviética y de la revolución mundial, mientras que mantener la paz no lo era.” [6]

Una tontera, tal como pareció serlo después de la puñalada por la espalda de Hitler en 1941, la afirmación de Stalin era correcta. Después de la Segunda Guerra Mundial, la URSS instaló regímenes comunistas en toda la Europa del Este. Más significativo fue que la derrota de Japón creo un vacío de poder en Asia, lo que le permitió a Mao Zedong establecer una dictadura Leninista en China continental. Los títeres europeos siguieron estrechamente al modelo Soviético, pero su nivel de desarrollo previo a la guerra, permitió que la transición fuera menos letal. En contraste, Mao prosiguió políticas que eran aún más radicales que las de Stalin, culminando con el Gran Salto hacia Adelante (1958-1960).

Treinta millones de chinos murieron de hambre en una repetición de la colectivización Soviética.

Después de la muerte de Stalin en 1953, se moderaron las políticas económicas de la Unión Soviética y de sus satélites en Europa. Se liberó a la mayoría de trabajadores esclavizados y las cárceles se convirtieron en prisiones para disidentes, en vez de empresas que cosechaban barato mediante recursos ocultos. Los regímenes comunistas pusieron un énfasis mayor en la producción de alimentos y de bienes de consumo, y menos en lo militar. Pero, su pedigrí económico permaneció siendo obvio. La prioridad era la fuerza militar y los bienes de consumo y los alimentos eran un añadido.

La crítica más frecuente al bloque Soviético ha sido, por largo tiempo, su fracaso para usar los incentivos. Esta es una verdad a medias. [7] Tal como lo explica Hedrick Smith, en The Russians, el liderazgo del partido utilizó incentivos en los sectores en donde realmente querían resultados:

“No sólo los esfuerzos de defensa y en lo espacial obtuvieron una máxima prioridad y recursos financieros, sino que también operaron con un sistema diferente en el resto de la economía. Samuel Pisar, un estadounidense abogado, escritor y consultor en asuntos de comercio Este-Oeste, hizo una observación que, para mí, es aguda en cuanto a que el sector militar es ‘el único sector de la economía Soviética que opera como si fuera una economía de mercado, en el sentido de que los clientes extraen del mecanismo económico, el tipo de armamentos que quieren… Los militares, tal como los consumidores en Occidente… pueden decir, ‘No, no, no, eso no es lo que queremos’.’” [8]

En cierto sentido, el colapso del comunismo no habría sorprendido a Lenin. Lenin sabía que el partido necesitaba del terror hasta que tuviera un apoyo popular sólido. Cuando Mikhail Gorbachev asumió el poder, ese apoyo no se había materializado, incluso en la Unión Soviética, mucho menos en los satélites europeos. Gorbachov desmanteló el aparato de terror con una velocidad brillante, deshaciendo siete décadas de intimidación en apenas unos pocos años. El resultado fue un final rápido del comunismo en los satélites en 1989, seguido de la desintegración de la Unión Soviética en 1991. Una cobija de retazos de nacionalismos probó ser más popular que lo que alguna vez fuera el Marxismo-Leninismo.

Gran parte, pero no todo, del antiguo bloque soviético goza ahora de una libertad política y económica más marcada –los cambio son visibles, respectivamente, en el estudio Economic Freedom of the World (EFW) [Libertad Económica en el Mundo] y las clasificaciones de países de la Freedom House (FH) (Cuadro 1). En 1988, las repúblicas de la Unión Soviética tenían calificaciones menores a 1. [9] En el mismo año, Freedom House clasificó a todo el bloque Soviético como “no libre,” excepto a Polonia y Hungría, como “parcialmente libres”.
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Cuadro 1 Surgimiento en Libertad Económica (EFW) y en Libertad Política (FH)
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País Libertad Económica 2002 Libertad Política 2002
Puntuación Clasificación
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Bulgaria 6.0 F
República Checa 6.9 F
Estonia 7.7 F
Hungría 7.3 F
Letonia 7.0 F
Lituania 6.8 F
Polonia 6.4 F
Rumanía 5.4 F
Rusia 5.0 PF
República Eslovaca 6.6 F
Ucrania 5.3 PF
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Fuentes: http://www.freetheworld.com/2004/2004dataset.xls; http://www.freedomhouse.org/ratings/allscore04.xls.
Notas: La puntuación del EFW varía entre, 0–10, siendo 10 la más libre. Freedom House clasifica a los países como libres (F), parcialmente libres (PF) y no libres (NF)
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Las reformas de mercado libre han sido fuertemente criticadas, en especial reformas que han sido ridiculizadas con el término “terapia de choque”. Sin embargo, los países que hicieron mayores reformas han visto el mayor aumento de sus estándares de vida y aquellos que han resistido el cambio, les continúa yendo mal. [10] Los críticos lamentan grandes declinaciones en la producción medida, pero mucho de la “producción perdida” consiste de productos para los cuales, antes que nada, había muy poca demanda de los consumidores. Muchas de las antiguas naciones comunistas sufrieron hiperinflación, pero tan sólo -ignorando cualquier consejo económico prudente- porque imprimieron dinero para cubrir déficits presupuestarios masivos. La receta de la “terapia de choque” habría sido recortar el gasto del gobierno y que se vendieran más activos del estado.

China, para alejarse del comunismo, escogió otro camino. Después de la muerte de Mao en 1976, sus sucesores esencialmente privatizaron la agricultura, permitiendo que se iniciara un desarrollo relativamente normal. La libertad económica se incrementó significativamente, pero China permanece siendo una dictadura de un sólo partido político. Algunos atribuyen su impresionante crecimiento económico a esta combinación de una libertad económica moderada y un gobierno autoritario. Sin embargo, el crecimiento refleja en gran parte la pobreza abyecta de la China Maoísta; es más fácil duplicar la producción, si usted empieza casi de cero.

Durante el siglo XX, socialistas confesos asumieron el poder alrededor del mundo, pero sólo los seguidores de Lenin se aproximaron a la meta original de abolir la propiedad privada de los medios de producción. La dictadura y el terror eran los medios necesarios y pocos políticos no comunistas los abrazaron. La disposición de los comunistas de llevarles la guerra a sus propios pueblos, los hace diferentes.
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ACERCA DEL AUTOR
Bryan Caplan es profesor asociado de economía de la Universidad George Mason. Su página Web es www.bcaplan.com.
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LECTURA ADICIONAL
INTRODUCTORIA
Becker, Jasper. Hungry Ghosts: Mao’s Secret Famine. New York: Holt, 1998.
Borkenau, Franz. World Communism: A History of the Communist International. New York: Norton, 1939.
Conquest, Robert. The Harvest of Sorrow: Soviet Collectivization and the Terror-Famine. New York: Oxford University Press, 1986.
Lenin, Vladimir. “What Is to Be Done?” En Collected Works, vol. 5. Moscow: Foreign Languages Publishing House, 1961. Pp. 347–530.
Malia, Martin. The Soviet Tragedy: A History of Socialism in Russia, 1917–1991. New York: Free Press, 1994.
AVANZADA
Applebaum, Anne. Gulag: A History. New York: Doubleday, 2003.
Courtois, Stéphane, et al. The Black Book of Communism: Crimes, Terror, Repression. Trad. Jonathan Murphy y Mark Kramer. Cambridge: Harvard University Press, 1999.
Fu, Zhengyuan. Autocratic Tradition and Chinese Politics. New York: Cambridge University Press, 1993.
Landauer, Carl. European Socialism: A History of Ideas and Movements. Westport, Conn.: Greenwood Press, 1976.
Mises, Ludwig von. Socialism. 1922. Traducido del Alemán por J. Kahane. Indianapolis: Liberty Fund, 1981. Disponible en línea en: http://www.econlib.org/library/Mises/msS.html
Pipes, Richard. The Russian Revolution. New York: Vintage Books, 1991.
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NOTAS AL PIE DE PÁGINA
[1] El comunismo en las economías relativamente avanzadas de Alemania del Este y Checoslovaquia fue impuesto por las fuerzas de ocupación de la Unión Soviética, no por la revolución.
[2] Robert Conquest, Harvest of Sorrow (New York: Oxford University Press, 1986), p. 187.
[3] Aún menos suerte tuvieron los millones de trabajadores esclavizados en las minas y en los campos de las explotaciones forestales de Siberia. Las tasas de muerte fueron muy elevadas. Al contrario de la opinión en Occidente, la mayoría de los exiliados eran campesinos, no antiguos miembros del partido.
[4] Stanley Payne, A History of Fascism, 1914–1945 (Madison: University of Wisconsin Press, 1995), p. 370.
[5] Martin Malia, The Soviet Tragedy: A History of Socialism in Russia, 1917–1991 (New York: Free Press, 1994), p. 209.
[6] Payne, History of Fascism, p. 361.
[7] Ver Bryan Caplan, “Is Socialism Really ‘Impossible’?” Critical Review 16, no. 1 (2004): 33–52.
[8] Hedrick Smith, The Russians (New York: Ballantine Books, 1974), pp. 312–313.
[9] En línea en: http://oldfraser.lexi.net/…/books/econ_free/tables/a1-1.html.
[10] Shleifer y Treisman [“A Normal Country: Russia After Communism,” en Journal of Economic Perspectives, Vol. 19, No., 1, invierno de 2005) señalaron que el crecimiento medido del post-comunismo no tiene relación con la tasa de reforma, sino que, agregaron, que el producto medido está exagerado. Se deduce que el verdadero crecimiento aumentó más en países que hicieron mayores reformas.

Los Carteles.

Me gusta traducir y poner en Facebook artículos acerca de temas de economía de comentaristas educados y capacitados en los asuntos de referencia. Creo que así contribuyo a que los conceptos económicos sean mejor entendidos. Solemos hablar de los carteles en economía con justa inquietud personal, debido a lo nocivos que pueden ser para nosotros, los consumidores. Por eso, una comprensión adecuada de ellos es muy útil para tener una visión correcta de los hechos en la economía.

LOS CARTELES

Por Andrew R. Dick
The Concise Encyclopedia of Economics

Traducido por Jorge Corrales Quesada.

“Rara vez se verán juntarse los de una misma profesión y oficio, aunque sea con motivo de diversión o de otro accidente extraordinario, que no concluyan sus juntas y sus conversaciones en alguna combinación o concierto contra el beneficio común, conviniéndose en levantar los precios de sus artefactos o mercancías. Es casi imposible prohibirlo por una ley que sea exactamente obedecida, porque un rigor excesivo en prohibir que estas gentes se juntasen con cualquier motivo sería incompatible con la justa libertad de los buenos ciudadanos. Pero ya que la Ley no puede totalmente impedir estas juntas, a lo menos no debe facilitar los medios de celebrarlas, ni autorizarlas como útiles o necesarias.” Adam Smith, La Riqueza de las Naciones, Tomo I, Cap. C, Parte II (San José, Costa Rica: Universidad Autónoma de Centro América, 1986, p. 182. [1]

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